viernes, 23 de febrero de 2018

Cuestionando al destino.


He sentido cómo de pronto todo en lo que no creía se ha tornado real, todo ha encajado inesperadamente. Sí, fue como si todos los pequeños detalles, por mínimos que parecieran, a la vez fuesen tan obvios, y aún así pasasen inadvertidos hasta conducirme hasta aquí, a las últimas piezas que me decían cuán ignorante me había empeñado ser. El destino se hacía real, justo con taquicardias y una jaqueca por sentimentalismos innecesarios que los humanos frecuentamos en momentos de crisis. Crisis. La crisis se hacía real, los ojos pesaban y la vista se nublaba por ponerme de puntillas para alcanzar a ver un poco de futuro, por el vértigo de recordar el pasado, por aquellas razones que tenía conmigo pero que apenas alcanzaba a comprender, y esa sensación tan extraña que te conduce al alivio, primero una opresión sobre la bomba corazón que se incrementa hasta anudar el disparo de tus futuras palabras y ejercer presión sobre tu cerebro, respiras hondo obligado a frenar tu vista y direccionarla hacia dentro. Yo me hacía real, caminando sobre nuevos rumbos y viendo a lo lejos caras extrañas, mi persona me hacía sonreír por aquellas inciertas sonrisas, pero de pronto un vacío en mis entrañas me hacia desconocerme. El camino de los "no" encajaba, apenas cobraba sentido para mí. Esas respuestas de la vida, de mi vida, habían sido entendidas casi todas como fallas, empezaba entonces la cuestión que yo misma respondía, que terminaba por dejar de cuestionarme. Estaba cansada. Intenté cesar mi vida para tomar impulso, y en ese justo momento la vida me cesó a mí, me hundí de a poco, como aquellos detalles mínimos del principio, la vida no parecía asombrarse, no se inmutaba de aquel cese. Y ahí, hasta el fondo de aquel cese con vida aún, me aferré. Los días pasaron, descubrí el confort del cese, me percaté que mi ritmo había sido tan subestimado por mí misma, que había aceptado la idea de que no era importante. Me recordé la mayoría de los "no" en mi vida, mi afán por esperar y después desesperar en los intentos próximos, recordé las caras extrañas y lejanas que intenté conocer, relacioné los "no" con los nombres que pude recordar, y el primer nombre mi infancia no supo que estaría ahí, tuve más presente los "sí", los atrevimientos, las guerras conmigo misma, las guerras por mí misma, los aciertos disfrazados de fallos se escabulleron. Que por mi parte quedaba que si fue un "no" fue porque así lo quise (no queriendo tanto entonces), y por el lado de la vida ese "no" reflejaba esperar sabiendo ser paciente (aunque tú quisieses mucho entonces), a veces cesamos porque no queremos del todo, aunque pensemos que queremos con todo el corazón, porque duele ahí, otras veces cesamos porque es lo que tiene más sentido, aunque no lo tenga, y otras porque sí. Tomé impulso de un ritmo propio que desconocí. Redención. Me aferré a lo propio, renuncié al confort y lloré hasta que no pude hablar, me reí del destino, juego de azar, no sé si creer en él.